Cuando tus hijos Prometen la bandera

Cuando estudié comunicación no sabía para dónde se iba a disparar mi profesión en el futuro. He tenido distintos trabajos, viví y vivo diferentes situaciones laborales, pero recién cuando fui mamá de los últimos, no primeriza, ni de la segunda, sino de mis mellizos (tengo 4 hijos); fue cuando supe que por ahí venía lo que a mí verdaderamente me interesaría comunicar a los demás.

A diario vivo situaciones, momentos, experiencias e incluso aventuras de todo tipo, graciosas, dramáticas, desconcertantes, ambivalentes, difíciles, tristes, desafiantes, etc. Es por eso que se me ocurrió que el comienzo fuera aquí y ahora. Empezar hoy a volcar todo lo que me gustaría decirles a tantas mujeres que de seguro pasan por muchísimas situaciones parecidas o no pero que tal vez se rían, se emocionen o reflexionen al compartirles lo vivido en esta difícil pero hermosa tarea de criar a nuestros hijos.

He pasado por tres promesas, de la primera la verdad que a pesar de que no fue hace mucho, tengo que hacer un esfuerzo para recordarla con todos sus detalles.

Me acuerdo bastante de la segunda con mi nena del medio que se sintió muy mimada por su mamá y su papá ese día.

“…la cuestión es que no podía parar de llorar esa mañana viendo a mis mellicitos dar ese paso tan importante y tan característico de 4to grado, y además cantar “Salve Argentina” con lenguaje de señas…”

 

Pero sin embargo fue la tercera la que me hizo emocionar de una forma tal que si vuelvo a mirar el video, vuelvo a llorar. No sé si será porque fue la última y ya no tendré que pasar más por una promesa a nuestra bandera, no sé si será que una con los años se pone más sensible, o cuál será el motivo; la cuestión es que no podía parar de llorar esa mañana viendo a mis mellicitos dar ese paso tan importante y tan característico de 4to grado, y además cantar “Salve Argentina” con lenguaje de señas. Fue tan pero tan emotivo todo el acto y sobre todo esa canción que entonaron todos los chicos sobre unas gradas, que no me alcanzaron los pañuelos que había llevado.

Casi ningún papi faltó, pero no recuerdo haber visto a alguno llorar tanto como yo.

Consejo de mami: por nada del mundo falten a esa cita y en lo posible a ninguna donde sus hijos protagonicen un momento aunque sea cantando entre 70 chicos. Es muy pero muy lindo y de verdad que llena el corazón.