Una mujer, un hobbie y una pasión que contagia

Hace algunos días viajamos al Chocón, situado en la provincia de Neuquén a visitar a Mirta Palandri. Es una mujer muy apasionada, en busca de nuevas aventuras por el mundo. Desde hace  26 años ella tiene un hobbie muy particular que heredo de su mamá, coleccionar botones. Al poseer en cantidad  hace un par de años decidió compartir esto con el público, convirtiéndose el único museo de botones del país.

• Nombre: Mirta
• Profesión: Licenciada en trabajo social
• Hobbies: Viajar
• Canción: Duerme Negrito de Mercedes Sosa
• Color: Azul
• Comida: Frutas

  • ¿Hace cuánto que colecciona botones? ¿Qué fue lo que te impulso a hacerlo?

Hace 26 años.  Lo que me motivo fue la muerte de mi mamá que  murió muy joven. Yo vivía en Cutral Co en ese momento, viaje a Córdoba a su entierro y mi papá me pidió que sacara todas las cosas de ella. En un momento llegamos a la máquina de coser donde estaba la lata de botones  y le pregunte -¿Para qué me voy a llevar estos botones viejos? – Él me mira y me dice -¿Por qué no coleccionas botones?-

Si viviera mi papá no podría creer que de eso termino resultando un museo de botones.

 

  • ¿Por qué quisiste compartir este hobbies con el mundo?

 Porque tal era mi pasión que no solamente yo viaja y compraba, sino amigos que cuando viajaban les daba dinero y me compraban. Estos mismos amigos me decían -¿Cuándo nos vas a mostrar los botones?- Era muy difícil invitar a alguien a mi casa y empezar a abrir paquetes, bolsitas, sobres, cajas  porque se fueron acumulando.

Hace unos años fui invitada a una radio de la universidad de Neuquén, lleve algunos y como existía Facebook, los muchachos de la radio iban sacando fotos y las subían y los oyentes opinaban.

Veía que estaba faltando esto de mostrar y hace unos años pude mostrar un catálogo en el museo de Plaza Huincul. Ahí me di cuenta del interés de la gente, además conocí otros museos de botones y me di cuenta que yo también podía.

  • Después de hacer todo el esfuerzo que hizo para llevar a cabo este proyecto ¿Cómo se siente? ¿Cambiaría algo de lo vivido?

Era tanto mi deseo y eran tantas las dificultades, que el mismo día de la inauguración, estaba una de mis hijas, me acuerdo que me acosté muy cansada y le dije -“ahora me puedo morir tranquila”-, entonces ella me dice -“ahora lo tenés que disfrutar”-.

Sentí que esto era una cosa muy loca, muy de Quijote, muy de ir en contra de todo y a pesar de eso ir resolviendo las dificultades.  Fue una alegría muy grande poder lograrlo porque así venga poca gente o lo que  está pasando que no hay apoyo a nivel local, ni de otras esferas que un esperaría lo mismo, fue una cosa rara.

  • ¿En que se inspiró a la hora de diseñar el museo? ¿Quiénes fueron su mayor sustento en ese tiempo?

El museo de Berlín que yo visite en el 2009 me dio la primera idea porque la señora vive en el mismo terreno del museo, tiene su casa, su jardín y el museo, en ese sentido  organice así el terreno.  Después hubo criterios de reutilizar elementos que ya habían sido utilizados, como las aberturas, inmobiliario del baño, todas las sillas, hay muchas cosas que están recicladas. Por otro lado la entrada de la luz natural  y lo otro es protegerlo lo más posible de los vientos, porque acá son muy fuertes. SI bien hay algunos botones que no se dañarían demasiado recibiendo el polvillo, hay otro como los de tela e hilo que si, entonces fue construido dándole la espalda al sudoeste que es de donde vienen los vientos, la tierra y a veces hasta la ceniza de los volcanes.

Mi sustento fueron las personas muy queridas a mí, mis hijos, un par de amigas y un amor que lidio con los albañiles, que tuvo paciencia y me acompaño en lo pesado de la construcción.

 

  • Arededor del mundo hay otros museos de botones ¿Cómo se siente al saber que no está sola en este hobbie?

Me siento feliz. Esas ganas de ponerlo  lindo, seguir agregando cosas, que este siempre limpio e impecable. Tener en cuenta los colores, eso también lo tuve muy en cuenta en la construcción,  un poco  tiene que ver con la pregunta anterior.  En el tiempo de la construcción, de juntar dinero  yo me puse a leer bibliografías de museos, las referencias exactas que tengo es de dos museos uno de Berlín y otro de Italia.

En el primero, a mí la señora no me gustaba como lo mostraba  y el señor de Italia, tiene el museo dentro de una gruta dentro de la montaña, es precioso pero también es absolutamente otra cosa, porque el clima inclusive es distinto. Acá había que hacer totalmente algo medio de la estepa. También tuve en cuenta los colores, porque el botón, al ser un objeto tan pequeño, si en los materiales o en la textura de los mismos o en los colores distraemos la atención del público, no se va a disfrutar el botón. Entonces hay un 70% de color gris claro, un 30% de un gris más subido y un 10% de azul, esos son los porcentajes que tratamos de preservar. En las paredes colores claros que ayuda a la luminosidad y los soportes manteniendo un mismo color de fondo. Esta absolutamente todo esto pensado.

  • ¿Qué tiene en cuenta a la hora de elegir una nueva pieza y sumarlo a su colección?

 Hay como distintos criterios, así como hay diferentes catálogos. Hay botones que de por si son una joya, el botón de cristal tallado del austriaco  Swarovski, el mismo botón es una joya. Otros sin tener eso, tiene el valor de quien me lo regalo o de quien lo encontró.

Por ejemplo; tengo un amigo de Roca que encontró uno del Coliseo Romano en Roma, entonces vino de Italia diciéndome -“Mirta, tengo un botón para tu colección”- y es un botón común, no sabemos a quien perteneció pero fue encontrado por alguien que está loco como yo en esta aventura.

De hecho uno de los catálogos es “botones perdidos y encontrados”, que todavía no está en exposición. Es increíble la cantidad de botones que se pierden de la ropa de la gente  y como yo tengo la percepción muy selectiva los veo. Tengo botones encontrados en Alemania, en Uruguay, acá en Argentina o botones que me regalaron en un bar, los perdió y los mozos revolvieron la basura para ver donde estaban. Este catalogo es muy gracioso y son tan importantes para mí como otros, no tan solo por el precio que yo haya pagado por el botón, si no por el cariño con que alguien me lo dio o que me dejo meterme en su costurero  y elegir.

  • Si tuviera que elegir un solo botón de toda su colección ¿Cuál sería?

Es muy difícil decir uno.  Por ejemplo; tengo el botón de la primera prenda que les tejí a mis  tres hijos.  El de mi hija mayor tiene 37 años, es un botón común de un saco tejido a mano y uno de una prenda para un hijo que uno espera es muy importante, aunque para ese niño no hubiese significado nada. Entonces ni el material es valioso, pero tiene esa historia personal que es mía.

Después hay un botón de una camisa que yo me hice, en los últimos días de mi abuela materna. Me acuerdo de las charlas  y yo cociendo ese. De hecho una de las salas tiene el nombre de ella Bellarmina.

  • ¿Qué tipo de botón le falta a esta colección?

Yo sé que el museo de Italia tiene botones japoneses pintados a mano y algunos con incrustaciones de oro y plata, pero mas allá del valor del material, lo artístico es bellísimo, tal vez me gustaría tener alguno de esos. También me gustaría tener alguno de alguien que fue a la luna y volvió. Pero yo he encontrado tanta variedad, por ejemplo; cuando estuve algunos años en Portugal, encontré botones de corcho, nunca pensé que podía este material ser bueno para un botón y sin embargo lo es. Aprendí donde se cultivan los arboles que es el Alcornoque y donde se industrializa este leño, entonces ahí traje botones de corcho como algo raro.

Tengo botones hechos a mano, tengo uno hecho por un traumatólogo con cemento quirúrgico, que es un material muy raro y lo hizo porque le transmití mi pasión por el botón. Cuando tuvimos el volcán de Chile que nos tiraba ceniza, lo junte e hice un botón con eso.

El material es infinito, estoy dispuesta a dejarme sorprender por algo, no sé si todavía habrá algo, probablemente sí. Igualmente los botones que me enamoran son los de nácar,  son seguramente de los que más tengo, de los que trato de guardar porque sé que la gente los va a tirar y se nos van a terminar.

  • ¿Podría darle un mensaje a la sociedad sobre el cual deberíamos seguir usando botones?

Yo creo que se ha ido modificando en parte por moda y por hacernos la vida más fácil, es esta cuestión de andar apurados.

Me gustaría que se siguieran haciendo botones, acá en Latinoamérica se siguen haciendo botones artesanales, que en otros lados no. Estamos resguardados porque como los  vamos a tener a mano siempre.

También entiendo que los grandes diseñadores de moda de Europa y Estados Unidos, van a seguir haciendo sus botones para sus prendas porque son exclusivas.

Pero yo diría que se pueden reciclar, que ninguno es viejo y que son más lindos que los nuevos,  están hechos de materiales menos nobles, están hechos pensando en bajar el costo. No perdamos  lo rico de un diseño de un botón. Porque  hecho por una maquina de un determinado plástico no nos dice mucho, mientras que los otros bordados, tejidos, pintados, tallados tienen el agregado de ser un objeto útil para aprender del arte y diseño.

Por último espero que sigamos quedando gente loca y haciendo cada vez más de estas cosas.

Producción: @breenescudero
Credit Photo& Edicion:@cr.noguer

Brenda Escudero

Maquilladora, dueña de #FedraShowroom y estudiante de Diseño del Instituto Roberto Piazza. Me encanta ascesorar a las personas sobre como vestirse y asesorar emprendimientos en la parte del Marketing y Relaciones Publicas.